sábado, 25 de octubre de 2008

El principio del principio (cuando hay principios...)

La justicia representada en un árbitro panzón y protagonista del fútbol nacional no tiene el estilo y la cachondez de la señora que, con los ojos vendados, sostiene la balanza (fetichismo puro, riquísimo). Aún con tales atributos, no habrá quien le quite la venia de prostituirse al mejor postor... o al más ingenuo. He aquí la fábula tonta de hoy:

Érase una vez en Waitisguarankoil –una ciudad que rara vez encontrarás en Internet–, donde se llevaba a cabo una sesión en una sala de posgrado. Dentro de ella, cerca de veinte profesionistas aportaban lo mejor de sí para hacer de una Maestría en Comunicación una verdadera experiencia académica. Me rehúso a pensar que alguno(a) de ellos(as) estuviera ahí con el único propósito de obtener un documento, un papelito... o un papelón.

Un susurro del viento negro llegó por esos días, llenando de polvo el ambiente y enturbiando la perspectiva de algunos docentes, mas lo grave fue cuando los estudiantes descubrieron que el daño había trascendido hasta el criterio mismo de tales profesores. El polvito "inofensivo" de la obra monumental que se realizaba a un lado del campus hizo cualquier cantidad de travesuras, trastornando el cacumen y otros procesos cognitivos de los maeses; una situación realmente grave.

A partir de entonces la dinámica de las clases fue mutando; el ritmo pasó de un tempo 140 a un escaso 75 en compás de 3/4. Qué pena, ahora el estándar (la vara con que se mide, pues) de los queridos profes magnifica y premia el plagio descarado cometido por algunos "maestrantes", seres oscuros con tiempo libre suficiente para practicar el acto ocioso y deshonesto de llenar con el trabajo de otros el vacío de sus mentes y corazones.

Pues sí, la planta docente dio en alimentar y premiar la soberbia de ciertas "personas" que se empeñan en representar –cédula profesional en mano, con pose charolera– lo que no debe ser un profesional de la comunicación. No conformes con ello, vuelven a sus pueblos natales portando coronas de falso laurel, vanagloriándose de su "excelente" trabajo. La mediocridad no tiene rostro, mas posee una gran colección de máscaras.

La pregunta en el aire enturbiado por la polvareda fue entonces: ¿Y qué hacemos aquellos quienes gustamos de leer, analizar, participar de nuestro aprendizaje y que además tenemos una vida que nos demanda como esposos(as), padres, madres y trabajadores(as)? ¿Habremos de volvernos fusileros baratos para sacar un 10 y volver "tranquilos" a casa, fanfarroneando con el primer ingenuo que crea en las fantasías de nuestro onanismo mental? Así es, puñetas mentales, pensando en... la justicia, con la cara y el cuerpo de un verdadero bombón.

Continuará...






martes, 30 de septiembre de 2008

Volví

La comunicación no se crea ni se destruye... Lo que es inherente al ser humano no puede negarse (como la cruz de tu parroquia). Como las voces, los colores y las formas que viajan por el tiempo imaginario, el flujo de ideas ilimitado, diario e ininterrumpido se hace presente, dotando de sentido cada instante. 

Regresé (y no es amenaza). En esta ocasión no estoy interesado en decir adiós, sino todo lo contrario. Este mensaje de bienvenida abre diciendo: "Gracias", pues jamás estuve solo; el universo me rodeó de gente maravillosa con la que pude compartir lo mejor y lo peor de este 2008 (hasta ahora).

La mirada empotrada en un rostro cachetón ha vuelto a las andadas desde hace tiempo. No es el mismo, pero es igual. Le han visto por algunas aulas dialogando con numerosas personalidades interesantes, hablando sobre discurso, persuasión, música, ensayo literario y otros temas que le apasionan.

La vida es maravillosa, y para muestra basta un botón:
"Nunca se sabe donde salta la liebre... nunca se sabe".
"Piquete que va seguro... aunque te frunzas".
"La vida es muy simple: así como das, recibes" (sin albur).

Recuerden esta, mi versión original.